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Desde hace tiempo se constata la preocupación de muchos profesionales de la Salut mental por la excesiva medicalización de malestares de la vida que no se pueden considerar como patológicos. Es un hecho que en la sociedad actual nos encontramos cada vez más con sujetos que no soportan el menor dolor, ni la idea de sacrificio.

Es así que vemos como el discurso capitalista , aliado al discurso de la ciencia nos proporciona un número cada vez mayor de productos para remediar cualquier malestar . Se habla de la “farmacología cosmética” que se aplica a malestares que no pueden ser considerados patológicos como los duelos, la depresión postvacacional o la angustia del lunes por la mañana , es decir para mejorar el humor de las personas consideradas normales . Hay fármacos que prometen un atajo a la felicidad , el eterno bienestar, fantasía que el capitalismo promueve. Pero todo esto ¿ a costa de qué? ¿cómo queda reducida la subjetividad humana?

En el terreno que nos ocupa , el del ser humano, es preciso aclarar que hay signos que no son disfunciones como por ejemplo la angustia o la inhibición frente a un peligro y que la felicidad no es un continuo, sino que tiene altibajos y que además no se la puede imponer como un bien de consumo más, ya que entonces se convierte en un imperativo superyoico y deja de ser felicidad. El ser humano no puede prescindir de un cierto nivel de angustia en la lucha que la vida supone y es básico que conserve la capacidad para dirigir su propia vida desde la autonomía y la libertad.

Es importante diferenciar entre el abuso de los fármacos utilizados para promover una ilusión de omnipotencia , o de bienestar y el uso razonado y justificado de una medicación que puede paliar el sufrimiento que producen muchos de los trastornos con los que nos enfrentamos en la clínica diaria. Hay situaciones en las cuales o no es posible o no es suficiente el uso de la palabra, que es nuestro único recurso como psicoterapeutas y en las que la utilización de una medicación, ajustada a la clínica, nos permitirá un trabajo de desciframiento y comprensión de los síntomas, un abordaje que incluya al sujeto, su biografía, su historia, sus interacciones familiares, sociales, etc.

Hay que servirse de los fármacos cuando es necesario utilizarlos, con la finalidad de calmar el sufrimiento y posibilitar un abordaje por la palabra que nos permita trabajar las causas subjetivas del sufrimiento, pero en ningún caso el fármaco debe taponar o suturar las preguntas que todo ser hablante debe hacerse sobre lo que le ocurre.

Los fármacos pueden ser una herramienta , no un fin en si mismos como ocurre en algunos planteamientos actuales en los que la clínica se ve modelada en función de una determinada sustancia .

Esta parcialidad del diagnóstico es posible porque los diagnósticos en salud mental no son construcciones que se basen en una realidad empírica como ocurre en otras enfermedades infecciosas o degenerativas. Las llamadas enfermedades mentales recogen una serie de síndromes y los agrupan en función de unos criterios susceptibles de ser influidos por factores culturales, sociales es decir por un sistema de referencias ideológico.

¿Qué solución habría para esta realidad de nuestro campo de trabajo? Una posibilidad sería la creación de comités que velaran por la inclusión de los diferentes factores que influyen en la enfermedad o el trastorno mental. En la actualidad, un peso importante de la autoridad científica, que finalmente es la que tiene voz y voto en la manera como se organiza la asistencia en salud mental, depende de lo que se consideran opiniones con evidencia científica. Probablemente no se le puede atribuir dicha evidencia científica ni a los problemas sociales de la gente, ni al peso que tienen las relaciones familiares o el deseo inconsciente, que quedan sistemáticamente fuera de las planificaciones sanitarias

Hemos llegado a una situación en la que se produce una lectura tan sesgada de la realidad psíquica que a los genes, a la serotonina se les atribuyen demasiadas cosas. Ya hace algún tiempo que llegan a nuestras consultas pacientes diciendo que tienen la serotonina baja, lo que requiere un trabajo importante para ir más allá de ese diagnóstico y conseguir que el paciente hable de sí mismo, de lo que le pasa, de lo que le hace sufrir.

Carmen Lafuente Balle
Psiquiatra. Psicoanalista
clafuenteballe@gmail.com