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Para comenzar hay que puntualizar que la terapéutica psicoanalítica se basa en  la escucha, en la palabra . El psicoanálisis está pensado en principio para pacientes neuróticos pero también los pacientes psicóticos y otras patologías consideradas más graves o aparentemente menos dúctiles a la modalidad analítica: dispositivo de palabra, relación interpersonal…  se pueden beneficiar,  siempre y cuando el analista utilice adecuadamente el dispositivo analítico. Trastornos alimenticios, trastornos de la personalidad, adicciones  p.e se pueden tratar psicoanalíticamente  y muchos de ellos acuden a nuestras consultas. En esos casos habrá que tener en cuenta el tipo de paciente que tratamos para  modular nuestra respuesta, nuestras intervenciones en función de cada caso. 

También  desde el psicoanálisis se trabaja con niños, y por supuesto también en instituciones de Salud Mental, que a través de intervenciones fundamentadas en la teoría psicoanalítica , adaptadas naturalmente a las condiciones de la instituciones en relación a la duración, la frecuencia, pueden logar efectos muy positivos.

Es decir que el psicoanálisis ha ido adaptándose a la realidad de la clínica y las demandas actuales para poder dar una respuesta que sin alejarse de sus fundamentos; la escucha, intervenciones basadas en la palabra, práctica no normalizante, le permite estar a la altura de los desafíos de nuestro tiempo y atender tanto neuróticos como otras patologías

¿Terapéutica para todos?

Muchas personas pueden pensar que el psicoanálisis es una práctica elitista  con un funcionamiento muy rígido poco apta para sujetos de hoy en día, ocupados, con trabajos a veces precarios y patologías que no siempre encajan con las que leemos en los textos clásicos del psicoanálisis. Pero fue precisamente Lacan el que modificó algunos de los presupuestos que regían una cura analítica. Veamos algunos de ellos:

Así introdujo la sesión breve o de duración variable, en función del material que aparece en la sesión, siendo el corte de la misma un modo de interpretación. Esto lo diferencia de otras escuelas en las que la sesión tiene una duración preestablecida , generalmente de 45 minutos,  independientemente de lo que el paciente relate, con lo cual se establece una práctica muy ritualizada que no se siempre se ajusta a las necesidades del paciente.

Otra cuestión es la flexibilidad relativa al número de sesiones semanales. No es imprescindible ir al analista cuatro veces por semana como imponen algunas escuelas ya que trabajando una vez por semana o adecuando el número de sesiones a la disponibilidad del paciente  puede hablarse de análisis en toda regla. 

A veces se discute también acerca de si puede haber análisis sin diván. El diván es un instrumento introducido por Freud y que mantienen los analistas actuales que tiene la finalidad de disminuir la incidencia de la persona del analista en el paciente . En las instituciones p.e o con algunos pacientes sucede que no se utiliza el diván y no por ello se deja de hacer una práctica terapéutica basada enteramente en el psicoanálisis.

Los puntos verdaderamente fundamentales son el trabajo analítico por parte del analizante, la escucha específica de un analista y la transferencia que opera entre ambos, y todo ello no depende solamente de cuestiones tales como el número de sesiones por semana o la duración de las sesiones. Un paciente puede estar yendo cada día al analista y estar haciendo una práctica ritualizada y defensiva, mientras que por el contrario hay la posibilidad de un análisis que toque verdaderamente el núcleo de los conflictos sujetivos,  independientemente  del número de sesiones semanales.

¿Cómo se elige un psicoanalista?

No hay un manual para ello ni tampoco hay criterios establecidos.  Previamente hay una transferencia al psicoanálisis en sí, como una práctica que despierta el interés de una persona y posteriormente se piensa en la persona, el analista que puede llevar a cabo un tratamiento de estas características. La elección pasa por el inconsciente de cada sujeto: Una voz tranquilizadora dice un analizante que posteriormente descubre que dicho timbre de voz estaba presente en el momento en que se enfrentó a cuestiones subjetivas complejas, un nombre o un apellido relacionado con alguna persona de su historia, un trabajo teórico o una presentación… son los elementos que denominamos el significante de la transferencia,  mediante el cual se elige a un analista determinado. Posteriormente a lo largo de su análisis estas elecciones van tomando significación y perdiéndola también por que lo importante  es que el analista para serlo, haya llegado al final de  su análisis y haya producido lo que Lacan llama el deseo del analista, concepto específico del psicoanálisis lacaniano que significa la producción de un deseo nuevo, que pone al practicante en disposición de llevar a otros sujetos hasta el final de sus curas.

Quizás algunos de vosotros podéis pensar que el psicoanálisis os podría ayudar no solo en vuestro trabajo  y  en la consecución de vuestro futuro profesional , sino también en algunas de vuestras dificultades en la vida cotidiana pero a la vez temer que sea una práctica demasiado cara o de larga duración. 

El psicoanálisis requiere pagar no solo con un esfuerzo personal, sino con dinero. Esta es una condición ineludible. Freud lo argumenta explicando que el analista vive de ello como cualquier otro profesional, pero que además en general a las cosas que no se pagan no les damos un valor. El dinero es un elemento de la cura, y la forma como lo trata el analizante genera momentos muy interesantes que dan pie a sorpresas como actos fallidos, descuidos…que permiten un trabajo sobre el inconsciente. Así el analizante que se olvida de pagar una sesión concreta que considera que el analista no ha estado a la altura de sus obligaciones, o que paga de más porque ese día apenas ha hablado, o paga una cantidad equivocada, que luego comprobará que tiene relación con un acontecimiento de su vida. 

Veamos un ejemplo de un paciente de Freud : un funcionario aquejado de innumerables preocupaciones, que Freud no especifica, llamó su atención por que al abonarle los honorarios, lo hacía con billetes de banco tersos y limpios. Freud le dice, bromeando, que esos billetes revelan su condición de funcionario del estado y el paciente le responde que no, que los billetes no son nuevos sino que tiene costumbre de limpiarlos y plancharlos, pues le da remordimientos de conciencia entregar billetes sucios, que podrían causar infecciones. Freud le interroga acerca de su vida sexual y el le confiesa que desempeña en familias de la burguesía el papel de viejo pariente amable e invita a jóvenes de dichas familias a hacer excursiones, arreglándoselas para pasar la noche fuera. Cuando la muchacha en cuestión duerme, se introduce en su cama y la masturba. Freud le pregunta si no teme causarles daño, infectando los genitales con sus manos sucias. El sujeto indignado le responde: “¿qué daño voy a causarles?, todas se encuentran bien, muchas de ellas están casadas y me siguen tratando”.Tomó mal su observación y no volvió a su consulta, nos dice Freud.

El psicoanálisis tiene un precio, y un coste personal, pero la rentabilidad que obtendrá será muy probablemente equivalente o superior a lo invertido.

Además hay que aclarar que los honorarios astronómicos de los analistas de otras  épocas, se han adaptado a la realidad actual y son asequibles para todos los bolsillos

Es verdad que la cura analítica llevada hasta el  final es un proceso prolongado muchas veces. Pero no lo es tanto si pensamos en el tiempo que ha tomado la construcción de una neurosis o de un síntoma invalidante . 

También hay personas que creen que el psicoanálisis es un proceso interminable. Sin embargo, el análisis personal tiene un final claramente formalizado que responde a unos procedimientos evaluadores concretos.

Generalmente las personas que han transitado por un análisis y que llegan a un final satisfactorio, manifiestan haber alcanzado no solo una mejoría de sus síntomas sino además un cambio sustancial en su subjetividad.

Carmen Lafuente